Considerada como un ejemplo de transición entre la corriente artística flamenca y la renacentista, la obra de Pedro Berruguete se convertirá en uno de los primeros y principales ejemplos castellanos del cambio que se estaba produciendo, a comienzos del s.XVI, en un país en el que los medievalismos deudores del gótico previo daban paso a nuevos modelos culturales.

Formado en el estilo flamenco de la segunda mitad del s.XV, la introducción en sus composiciones de elementos renacentistas novedosos le va a situar en el papel de precursor pictórico de dicha tendencia en España, a pesar de que no abandonará nunca completamente el estilo aprendido durante su juventud.

 

Biografía de Pedro Berruguete

Al igual que sucederá con su hijo Alonso, la fecha de nacimiento de Pedro Berruguete no se conoce con exactitud, existiendo diversas teorías entre las cuales se encuentra la de aquéllos que la establecen en torno a 1440, en función de la llegada de su familia a la localidad donde vio la luz por primera vez, Paredes de Nava, y los años de nacimiento de sus antecesores. Sin embargo, en lo que sí coinciden todos los historiadores es en la cronología de mediados de s.XV para el establecimiento aproximado (con un abanico de error de una década) de la fecha de su alumbramiento.

Pedro Berruguete contrajo matrimonio con Elvira González en Paredes de Nava, aunque tampoco existen referencias que especifique o sitúe la fecha de este enlace que pudo ser hacia 1.478-. Tuvo seis hijos Alonso, Pedro, Cristina, Isabel, Catalina y Elvira.
Se sabe que la familia Berruguete eran hidalgos y como recoge Allende-Salazar “…En Paredes nunca dejaron gozar a nadie de su hidalguía por ser behetría mas los Berruguetes todos tienen nombre y opinión de hidalgos y servían a los Reyes con armas y caballo y en sus casas los tenían y eran hombres principales y ricos y de muy buen tratamiento en sus casa personas y familias”.

Durante toda su vida Pedro Berruguete estuvo vinculado a su villa natal de la que en todo momento se consideró vecino y contó con un taller en Paredes de Nava, donde parece que residió la mayor parte de su vida.

En general, los datos biográficos relativos a Pedro Berruguete se hallan insertos en una neblina de hipótesis: así, se cree que su primer aprendizaje en el oficio artístico de pintor debió de realizarlo en su localidad natal de la mano de uno de los tantos maestros flamencos residentes en zona castellana (existen autores que adjudican a Joos van Wassenhove o Justo de Gante dicha tutoría).

Lo que sí es casi seguro es que su estancia en Italia se produjo hacia 1477, puesto que en este año existe documentada la presencia de un pintor llamado “Pietro Spagnolo” en la corte del duque de Urbino, históricamente identificado con Pedro Berruguete.

Será durante su estancia italiana cuando aprenda el manejo de la luz y el espacio empleados por artistas renacentistas y trabaje en la realización de diversos retratos para el “studiolo” o gabinete de Federico de Montefeltro (sin embargo esta teoría ha sido rechazada en ocasiones por estudiosos que le ubicarían preferentemente en Roma).

Hacia 1482-83 (a la muerte del duque de Urbino) se le puede situar de vuelta en España, donde desarrollará su trabajo en Castilla, pudiéndose apreciar en las obras de esta nueva etapa (principalmente retablos) un cierto influjo a la italiana inexistente con anterioridad, aunque permanecerá fiel a la base flamenca en la que se educó inicialmente durante toda su producción (tendencia que se verá acentuada en determinadas ocasiones debido a una necesidad de adecuación a los gustos de su clientela). De este fin del s.XV son magníficas muestras el retablo mayor de Paredes de Nava y el retablo del Convento de Santo Tomás, en Ávila. Es en esta ciudad igualmente donde Berruguete realizará su última obra (morirá en el año de 1503), inconclusa y terminada posteriormente por Juan de Borgoña: el retablo mayor de la Catedral.

Fue un artista que dedicó su vida al ejercicio de la pintura por vocación, sin antecedentes familiares. Fue un hidalgo de Tierra de Campos, que paseó su arte y su tierra por toda la geografía castellano leonesa de la época.

 

Principales obras de Pedro Berruguete

A pesar de que serán las características propias del estilo gótico, rico y minucioso, las constituyentes de la base de la obra de Pedro Berruguete, la introducción en sus trabajos de arquitecturas eminentemente clásicas, así como su preocupación por la luz y el espacio, constituirán un puente de enlace de dicha corriente con el primer Renacimiento español. Muestras de este cambio son apreciables en obras como La Anunciación (Cartuja de Miraflores), en la que elementos italianos (empleo de la perspectiva y la luz) conviven con otros de tendencia flamenca (la tipología empleada, la minuciosidad…) Particularmente notable será su manera de resolver el tema de la profundidad, mediante el uso de distintos planos dentro de un mismo encuadre.

La importancia que Berruguete concederá a la composición de figuras y arquitecturas va a ser común en sus creaciones, junto con la alternancia de elementos de herencia flamenca, renacentista, e hispánica en determinados casos.

Así, desde un principio es posible encontrar en aquellas obras atribuidas a su periodo italiano una preocupación por los escenarios, la luz y la presencia de las figuras aunada a modos de representación flamenca (de perfil), caso del Retrato de Federico de Montefeltro y su hijo, hacia 1477, o, bien por el contrario, tipologías renacentistas (el retrato humanista) en las cuales la pericia de Berruguete como dibujante queda de sobra confirmada en la extraordinaria plasmación de detalles y personajes (como sucede en la serie de retratos realizada para el “studiolo” de Federico de Montefeltro, duque de Urbino).

Por último, cabe destacar dos de sus mejores obras como son el Retablo mayor de la Iglesia de Santa Eulalia en Paredes de Nava (aproximadamente 1480), del cual la representación del Rey David y el cuadro Pretendientes de la Virgen son especialmente sobresalientes (en esta escena rezumante de cotidianeidad el tratamiento de la profundidad está resuelta de nuevo mediante el empleo de la perspectiva que el tratamiento del suelo confiere a la imagen y la superposición de planos), mereciendo una especial atención la calidad de telas y dorados conseguida, y el Retablo del Convento de Santo Tomás (Ávila, fines de la década de 1490).

Famosísimo será el Auto de Fe procedente de dicha iglesia, en el cual realizará un ejercicio de humanización del drama por medio del tratamiento que aplica a rostros y actitudes. En este caso la descripción medieval de la escena se suma al sentido naturalista que impregna la obra, sin olvidar tampoco la tremenda complejidad de la misma conformada a partir de la presentación de diferentes ambientes.