Introducción al escultor Alonso Berruguete

Alonso Berruguete es un representante manierista dentro de la corriente escultórica renacentista que a lo largo del s.XVI tuvo lugar en España.

Alonso Berruguete formará parte, junto con Diego de Siloé y Bartolomé Ordóñez, del denominado grupo de las “águilas del Renacimiento español”. Formados en Italia, regresarán a España hacia la segunda década de 1500 trayendo consigo lo asimilado en el país itálico y contribuyendo, de esta manera, a la renovación de la escultura del momento.

A pesar de que el primer foco dónde se desarrolle esta etapa del nuevo lenguaje, cada vez más alejada del cuatrocentismo inicial, lo constituya Burgos, será Valladolid la ciudad que verdaderamente se erija en capital de la escultura castellana renacentista (con Alonso Berruguete como principal artífice y, años después, Juan de Juni) una vez truncado el porvenir de la escuela burgalesa debido a la ausencia de Siloé y la muerte prematura del joven Ordóñez.

Es posible advertir que, en general, el estilo predominante de esta nueva tendencia escultórica derivará hacia fórmulas dramáticas aprendidas del estudio de la obra de artistas italianos aunque, eso sí, interpretadas en clave muy distinta en cada uno de los casos, siendo el más experimental de los tres Berruguete, el cual derivará hacia formas y conceptos manieristas.

Biografía de Alonso Berruguete

Alonso González González, así se llamaría en la actualidad tomando el primer apellido de su padre, Pedro González Berruguete, y el primero de su madre, Elvira González).

Hijo del también pintor Pedro Berruguete, se sabe que nació en la localidad de Paredes de Nava, acontecimiento que debió producirse hacia 1490 aunque la fecha precisa se desconoce (la data varía en función de los autores, pudiéndose encontrar igualmente mencionados los años de 1488, 1489 e incluso 1486). En Paredes de Nava pasó su infancia y adolescencia, y fue allí donde seguramente a la sombra de su padre, el genial Pedro Berruguete, inicio su formación artística.

En 1501 acompaño a su padre cuando este trabajaba en el retablo de la iglesia de Guaza de Campos (Palencia), lugar donde Alonso volvería por razones familiares, y bien pudiera ser fruto de esas visitas el “Cristo atado a la columna” de este pueblo palentino.

Formado en Roma y Florencia, tendrá la ocasión de poder entrar en contacto con jóvenes artistas manieristas, así como de conocer las composiciones de la Antigüedad clásica y estudiar la obra de Leonardo, Donatello, Rafael y Miguel Ángel (especialmente influyente resultará en su obra el grupo escultórico del Laocoonte, recién descubierto en 1506), antes de regresar a España alrededor de 1517.

Una vez de vuelta en su país natal es posible situarle trabajando en Zaragoza en un proyecto financiado por Carlos V, pasando a convertirse en pintor del rey en fecha próxima. Será el año de 1523 el momento clave a partir del cual comience a desarrollar su actividad como escultor, fijando su residencia y taller en Valladolid. Es cerca de esta fecha asimismo cuando contratará uno de sus trabajos más importantes: el retablo de la Mejorada de Olmedo (Valladolid) en colaboración con Vasco de la Zarza. Gracias al éxito obtenido con esta pieza tendrá la oportunidad de concertar en 1526 la ejecución de una de sus obras más populares, el retablo mayor de San Benito el Real de Valladolid, con la que asentará definitivamente su fama.

Encargos siguientes los constituirán el retablo mayor del Colegio de los Irlandeses en Salamanca y el retablo para la capilla funeraria del banquero Diego de la Haya situada en la iglesia de Santiago de Valladolid, entre muchos otros. A esta etapa vallisoletana le seguirá otra marcada fundamentalmente por el trabajo que desarrollará a partir de 1539 en Toledo, ciudad dónde realizará parte de la magnífica sillería del coro de la Catedral. El 13 de septiembre de 1561, cuando se encontraba en el Hospital de Afuera de Toledo para entregar el sepulcro del cardenal Tavera muere en brazos de su progenitor y es trasladado a Ventosa de la Cuesta, cuyo señorío ostentaba, donde es enterrado en la capilla mayor del templo.

Principales obras de Alonso Berruguete

Considerado como uno de los grandes renovadores del lenguaje escultórico en España, la obra de Alonso Berruguete se caracteriza por la enorme angustia espiritual impresa en sus composiciones de rasgos expresivos y matices dramáticos, así como por el dinamismo y una cierta “impaciencia” apreciable en los acabados.

A pesar de haberse empapado durante sus años de juventud del legado clásico, su trabajo no destacará por la armonía característica inherente a dicha corriente (aunque sí por su belleza, sin embargo) sino por la influencia y asimilación de la violencia interna miguelangelesca, reelaborada formalmente en una clave mucho más estilizada, y exacerbada a la vez. Junto con ello, no es posible obviar que Berruguete se formó también como pintor, hecho que es posible advertir en el peculiar manejo de la perspectiva que realiza en sus obras tridimensionales, además de en el sabio uso que de la luz y la policromía hará.

Pinturas

A pesar de que Berruguete ha pasado a los anales de la Historia del Arte fundamentalmente por su trabajo como escultor, es preciso señalar alguna de sus obras principales como pintor, caso de las tablas del Retablo de San Benito en Valladolid, en las cuales son apreciables características similares a aquellas que definirán al resto de sus realizaciones.

 

Esculturas

Las características propias del quehacer escultórico de Berruguete, su intenso sentido dramático así como las frecuentes incorrecciones, son muy apreciables en el Retablo de la Mejorada de Olmedo (1525-1526), en el cual los personajes aparecen trazados con un ardoroso arrebato, llegando incluso a olvidar Alonso en ocasiones (o pareciéndolo al menos) la necesidad de la ejecución de unas proporciones adecuadas a la ubicación de las figuras.

Serán, sin embargo, la inestabilidad y deformación de los personajes muestras apreciables ya del análisis y recorrido que de y por los sentimientos realice Berruguete en sus composiciones.

Con respecto al Retablo de San Benito (1526-1532), en sus figuras es posible encontrar un ejemplo de la convivencia de las formas italianizantes con el dramatismo miguelangelesco: cabezas berruguerescas (en las cuales se puede apreciar la influencia de Donatello) en un ejercicio de manifestación del dolor, indumentarias manipuladas con paños que parecen flotar, cuerpos dónde se realiza un auténtico estudio de la anatomía masculina, líneas retorcidas sobre su propio eje en una espiral ascendente que estiliza las figuras, imperfecciones en la ejecución de la talla…Todo ello al servicio de un resultado en el que la gracia y el temor se mezclan a partes iguales.

Será sin embargo el trabajo realizado en la Sillería del coro de la Catedral de Toledo (1539-1543) una de sus más bellas obras. Junto con la gran perfección que alcanzará en la forma (la calidad de los acabados es mayor), es posible apreciar la idea que del quehacer artístico posee Berruguete (concibe el arte como un ejercicio intelectual). Aquí, continuará jugando con las posturas de los personajes y las composiciones de plegados en los ropajes en su búsqueda de movimiento y expresionismo, además de que realizará un magnífico estudio psicológico de las emociones humanas.